Por dignidad

La masa social ha hablado. Se ha pronunciado. Ha dictaminado. Ha sentenciado al actual presidente del Barça Josep María Bartomeu. Lo que era un clamor tras la estrepitosa eliminación ante el Bayern, se ha convertido en un deseo expreso de, por lo menos, 18.090 socios.

Siendo sinceros, la actual recogida de firmas nunca tuvo que haber sucedido. Pese a que es entendible que las nuevas elecciones se hubieran convocado para estas fechas, noviembre a mucho tardar, para que, por lo menos, alguien que no fuera una comisión gestora planificara la temporada siguiente, lo más correcto es que la junta directiva hubiera anunciado sus planes de dimitir y convocar nuevos comicios.

Cuando heredas la mejor plantilla de la historia del Barça, con un proyecto sólido en pleno funcionamiento, y tu máximo objetivo es destruir todo lo que huele a Laporta y Cruyff, te gusten o no estas personas, nada puede salir bien. El máximo comedido de una directiva es construir nuevos proyectos y afianzar los que funcionan. Nunca, actuar con ánimos de revancha y dinámicas destructivas. Jamás.

Cierto es que no heredaron precisamente el mejor modelo económico. Pero de ahí a simplemente arrasar con lo que nos llenaba de orgullo y gestionar el club peor que lo hizo Joan Gaspart, merece una reflexión.

Cierto es que algunos jugadores se han acomodado. Que no entrenaban como deberían. Que se excedían en sus vidas privadas. Pero para eso están los mandatarios. Para imponer autoridad. La autocomplacencia generalizada sólo lleva al desastre. Y si a eso le sumamos la autocrítica. Peor aún.

La temporada ya ha empezado. Se han sumado 2 victorias y un empate ante un gran equipo como el Sevilla. Pero no nos engañemos. Esto no ha hecho más que empezar y esta plantilla presenta muchas dudas a largo plazo. En este caso, nos referimos, por lo menos, en lo que se refiere a la temporada actual.

Si en los últimos años hemos contado con una plantilla extremadamente corta, la situación actual es aún peor. Posiciones como la defensa, un centro del campo organizador, y un delantero centro puro, no invitan a las mejores sensaciones.

No obstante, la suerte ya está echada. Ahora sólo toca arrimar el hombro y esperar a que el presidente Bartomeu dimita y convoque elecciones de manera inmediata. No es sólo ya que con el éxito de la moción de censura no le quede más opción. Por dignidad.

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