La nueva generación ya está aquí. ¿seguro?

Ya es una realidad. Microsoft y Sony ya han puesto a la venta sus nuevos sistemas para la nueva generación de videojuegos. Aunque de aquella manera. En primer lugar, es muy difícil poder encontrar stock. Pero lo que más llama la atención es probablemente lo más importante. Los juegos.

Ciertamente la ausencia de un catálogo de lanzamiento en ambas consolas es más que evidente. Pese a que ambos sistemas ofrecen una retro compatibilidad con la anterior generación, total con todas las máquinas anteriores en el caso de Xbox, los títulos exclusivos de la nueva generación se limitan a Godfall y Demon’s Souls. Ambos, títulos exclusivos para la consola de Sony.

Aunque Godfall está disponible también en PC y ya veremos lo que pasa con Demon’s Souls. Parece ser que estará disponible en ordenadores durante el 2021 y, según se ha filtrado en Amazon, también en PS4. No lo sabemos a ciencia cierta. Pero honestamente, no nos sorprendería. Se ve estupendo, pero no resulta un salto gráfico abismal y todo es posible. Como Morales y Valhalla.

Hace un mes, contamos en este artículo, los 4 motivos que decantaban la balanza a favor de esperar en adquirir un nuevo sistema. Tal y como describimos, los elementos descritos en ese artículo se están cumpliendo a rajatabla. Los alicientes para dar el salto a la nueva generación son muy pocos si se cuenta con una Xbox One y una PlayStation 4.

No nos engañemos, prácticamente todos los juegos importantes que han visto la luz están desarrollados para PS4 y/o Xbox One y se les han aplicado una serie de mejoras, en algunos casos casi anecdóticas, para poder sacar un mayor rendimiento a las nuevas consolas. Pero ya está. Si se cuenta con uno de esos sistemas, poco o nada justifica una inversión, día 1, de 500 euros para dar el salto.

Pero lo peor de todo son las reacciones exageradas de algunos usuarios que sí han decido aventurarse en esta nueva aventura. Ciertamente, algunas de las características añadidas en esta nueva generación son impresionantes, pero en mi opinión, son secundarias. Lo más importante, y nunca me cansaré de repetirlo, son los juegos.

Cualquier persona familiarizada mínimamente con este mundo sabe que cuando se ejecutan juegos o aplicaciones antiguas en un sistema nuevo, los tiempos de carga y su rendimiento serán mejores. No es nada revolucionario. Es absolutamente normal y raro y decepcionante seria que esto no pasara.

Lo que queda por ver, y es lo que realmente supondrá la gran prueba de fuego, es experimentar esa rapidez y esa calidad visual a partir de 2022-2023. Ese será el momento en el que deberían empezar a llegar títulos desarrollados en exclusiva para la nueva generación de consolas. Un más que posible Red Dead Redemption 3, The Last of Us Parte III, Grand Theft Auto VI, etc. Que nadie se espere tiempos de carga de 5 segundos ni una capacidad gráfica al máximo.

Nada de lo visto y en el lanzamiento, ni tampoco lo que se divisa en 2021, parece confirmar la llegada de la nueva generación. Todo es intergeneracional y el anuncio de mejoras para títulos de anteriores generaciones.

Así pues, y teniendo en cuenta lo que dije en mi anterior artículo, es evidente que la mejor opción es esperar hasta 2022 o 2023 para ver los primeros juegos importantes que nos obliguen a poseer una PS5 o Xbox Series para poder jugarlos. Mientras tanto, si posees una PS4 o Xbox One, puedes seguir sacando partido de esos juegos intergeneracionales y a los pendientes que, en mi caso, son numerosos.

Además, para esas fechas, además de un catálogo decente, se habrán subsanado los posibles errores de diseño en los componentes, actualmente se están reportando algunos, habrá alguna rebaja/promoción/pack que las hará más asequibles y rentables en su relación coste-provecho, y, sobretodo, es posible que una revisión y/o versión mejorada del hardware esté en camino.

No obstante, y en contrapartida de lo que conté anteriormente, evidentemente que SÍ hay motivos para hacerse con una consola de nueva generación en fecha de lanzamiento. No poseer ningún sistema de la pasada generación y estar decido a comprar una.

Aquí, no tendría ningún sentido adquirir una PS4 o Xbox One teniendo en cuenta la diferencia de precio. Además, gracias a la retro compatibilidad, tendrás a tu alcance el catálogo venidero y el pasado. En este caso, el salto está más que justificado.

No nos engañemos. Por un lado, los primeros en dar el salto van a ser la prensa y los productores de contenido, personas que deben estar al día y que además recibirán su máquina de manera gratuita con la condición de contar las bondades.

Aquí la gente debe ir con pies de plomo y no dejarse de convencer fácilmente y analizar, fríamente, si realmente vale la pena a día de hoy y le conviene una adquisición de tal calibre.

Y por otro lado, los que realmente la pagarán de su bolsillo, los entusiastas de la tecnología que tienen la imperiosa necesidad de tener lo último, los especuladores que buscarán hacer negocio con la escasez de stock, y aquéllos que simplemente buscan poder presumir en redes sociales y ni siquiera son grandes entusiastas de los videojuegos.

Pero eso es otro tema. Lo que realmente nos importa es constatar que la transición va a ser lenta, y que en lo que más importa, los juegos, la nueva generación parece que se va hacer rogar un poco más. Visto lo visto, y de cara al futuro próximo, parece ser que la llegada y la consolidación de la nueva generación no tendrá lugar hasta 2022.

No es nada nuevo, ya pasó en el salto a PS3, en el salto a PS4, y todo parece indicar que aquí volverá a pasar lo mismo. Así pues, en mi caso, daré el salto cuando la industria lo dé.

Mientras tanto, a disfrutar con lo que hay y lo que nos perdimos en un pasado reciente.

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