Ansu Fati es una de las sensaciones del inicio de temporada del Barça. No lo vamos a descubrir ahora. Es evidente que si sigue en la misma línea va a ser el referente del equipo culé en la próxima década. Lo mismo podemos decir con Pedri.
Pero el tema que quiero abordar es debatir si Ansu ha hecho lo correcto tomando la decisión de operarse de su menisco. Había la posibilidad de tomar medidas más conservadoras, esperar y seguir un tratamiento menos agresivo y, quizás, más veloz.
La posibilidad estaba ahí, ciertamente. Pero desde el punto de vista profesional y teniendo en cuenta la efectividad, es evidente que Fati ha tomado la sabia decisión de ponerse en manos de uno de los mejores expertos del mundo en esta materia, el Dr. Cugat, y operarse la rodilla.
Casos parecidos en el Barcelona los hubo, hace más de una década con Samuel Eto’o. El camerunés se puso en manos del doctor catalán por el mismo motivo y hubo que esperar a marzo para volver a contar con el delantero. Pero volvió con fuerza, aunque no se pudo conseguir ningún título. Era el inicio de la decadencia de la era Rijkaard.
Pero volviendo con el canterano azulgrana. Mucha gente ha criticado que no hubiera seguido la opción de un tratamiento conservador y, a la postre, más corto en lo que se refiere a los plazos de recuperación. “Vísteme despacio que tengo prisa”. Esa es la filosofía que se debe seguir, para ser sinceros.
El tiempo no debe ser nunca un factor determinante. Lo debe ser la calidad en la recuperación del jugador. Y es por ese motivo que es mejor operarse, y más teniendo en cuenta que Ansu es muy joven, no forzar los plazos de recuperación, y a esperar que vuelva con todas las garantías.
Operarse, y encima a manos del Dr. Ramón Cugat, no ha sido sólo la opción correcta. Ha sido una inversión de vida.
