“A este paso no entramos en Champions el año que viene”. “Nos hemos complicado el sorteo de octavos”. “Este equipo no se clasifica para Europa para la siguiente temporada”. Estas afirmaciones son algunos de los lamentos y preocupaciones que llevo leyendo, y escuchando, tras las últimas derrotas y el decepcionante inicio de temporada del Barça.
Es posible que la gente me acabe llamando “tribunero”. Es posible que la gente me tache de “cenizo”. Otros me dirán que soy muy pesimista. Probablemente, el adjetivo más “light” que me van a dedicar. Pero mi objetivo de cara a la próxima temporada es mucho menos ambicioso e impropio de un club como el FC Barcelona.
Ya lo digo ahora, tal y como veo al equipo, en todos los sentidos, me conformo con salvar la categoría y permanecer en La Liga de cara a la próxima temporada. Así de triste.
Esta impresión no la acacho únicamente a un solo factor. Es un conjunto de elementos que son necesarios para llevar una buena dinámica. No solamente es la poca amplitud de la plantilla, no es la pobre calidad de la misma (para mi es todo lo contrario, calidad no falta), no solo es la plaga de lesiones, no es solo la inestabilidad institucional, no solo es la pobre actitud de algunos jugadores, es un poco de todo que nos lleva a la situación que estamos viviendo.
Aún queda mucha temporada. El Barça tiene 2 partidos menos. Pero como no haya un cambio radical en el rendimiento, y en la actitud, el peor inicio del equipo azulgrana de los últimos 33 años puede acabar en la temporada más desastrosa de los 121 años del club.
No obstante, debemos seguir apoyando a los técnicos y jugadores esperando que, con la llegada de un nuevo presidente en enero, se consiga cierta estabilidad que nos lleve a acabar la temporada lo mejor posible. Y con todo, encarar y planificar la próxima con todas las garantías.
Pero de momento, doy esta por perdida.
