No pudo ser. Tras un más que igualado partido entre el Barça y el Athletic Club, el equipo bilbaíno se hizo con la Super Copa de España. Los blaugranas de adelantaron por partida doble, pero los vascos empataron la final en el último suspiro del tiempo reglamentario.
Ya en la prórroga, con la primera expulsión de Messi con la camiseta del Barça, el equipo de San Mamés sentenció la final devolviendo el trofeo a las vitrinas del museo tras la conseguida en 2015 también frente el Barcelona.
Seamos claros, para cualquier aficionado del Barça es una decepción perder una final. Sea la competición que sea. Pero tal y como se están desarrollando los acontecimientos, debemos estar hasta contentos de haber llegado a la final.
Tenemos que ser muy conscientes de que al Barça le esperan unos tiempos inciertos y de transición. Cualquier éxito deportivo en un futuro próximo debe considerarse una proeza. Si el equipo tenía carencias en la temporada pasada, ahora con la marcha de jugadores importantes esas carencias son más evidentes.
Lo que de verdad debe preocupar a los socios del Barcelona es la ausencia de liderazgo en el club. La pandemia no sólo está ahogando al club en el aspecto económico. Lo está hipotecando. Y el hecho de las elecciones de hayan aplazado a marzo no invitan a esperar a un futuro prometedor. Por lo menos a corto-medio plazo.
No se trata de ser pesimista. Se trata de ser realista. Y creo que a estas alturas, y teniendo en cuenta de como se plantea el presente, conseguir la clasificación para la próxima Liga de Campeones, hacer un papel decente en la presente edición, y esperar que se alineen los planetas en la Copa del Rey, es algo que firmo ahora mismo.
Evidentemente, como socio del Barcelona, espero que mi equipo gane SIEMPRE. Pero ha llegado un punto que la derrota es algo que no me sorprende. Me duele. Pero no me sorprende.
