En plena resaca de la celebración del título de Copa del Rey, y con la alegría de volver a depender de sí mismos tras el empate del Real Madrid ante el Getafe, estalló la bomba deportiva del año: La SuperLiga Europea.
Seamos sinceros. Llevamos más de dos décadas oyendo rumores sobre este ambicioso, y atrevido, proyecto deportivo. Pero nunca se acababa de concretar nada.
Pero llegó el momento, el Real Madrid, a través de su página web, anunció la creación de esta competición, totalmente al margen de los máximos órganos deportivos (FIFA y UEFA), junto a otros 11 equipos.
Además del club de Chamartín, Atlético de Madrid, FC Barcelona, Juventus FC, AC Milan, Internazionale, Chelsea FC, Arsenal FC, Manchester City, Manchester, United, Tottenham, Liverpool FC, y 3 otros clubes que prefirieron mantenerse en el anonimato.
Se rumorea que se trata del París SG, FC Bayern, y Borrussia Dortmund. Pero como se trata de rumores, mejor no dar bola y no realizar ningún tipo de acusación.
Para que nos entendamos, las intenciones de estos clubes es hacer exactamente lo mismo que, hace ya 20 años, hicieron los clubes más importantes del baloncesto europeo.
Ciertamente, la FIBA se opuso totalmente a la ULEB y a la nueva Euroliga. Es más, durante un año coexistieron la vieja Copa de Europa y el nuevo torneo. Pero debido a la repercusión de interés de la nueva creación, el máximo organismo no tuvo otra que reconocer a la ULEB y dar un paso al lado.
Seamos claros. La razón de ser de esta iniciativa es económica. Los 12 clubes denuncian cierta falta de transparencia por parte de la UEFA, además de un trato muy desfavorable a la hora de repartir los recursos.
Sinceramente, tras ver la entrevista a Florentino Pérez, Presidente del Real Madrid y de la SuperLiga, puedo extraer conclusiones interesantes. Puedes estar de acuerdo o no, personalmente no me gustaría que se realizara, pero lo que no se puede negar es que algo de razón lleva.
Razón no le falta al denunciar el trato desigual y la falta de transparencia. Así como reconocer los datos sociológicos que constatan la pérdida de interés en el fútbol en los últimos años, sobretodo en los más jóvenes.
Sea como sea, hay tres cosas claras en las que estaremos todos de acuerdo. Para empezar, es evidente que el fútbol requiere de un mayor racionamiento, y control, de los recursos económicos.
Después, es incontestable que algo hay que hacer ante la situación actual, dramática según los afectados. Ya sea una remodelación, una nueva competición, o nuevos acuerdos. Eso es evidente.
Y la tercera, algo que casa totalmente con lo mencionado anteriormente, es inevitable que los 12 clubes protestantes y las instituciones implicadas, tengan que llegar a un entendimiento.
Al fin y al cabo, el diálogo es la única vía para desatascar esta situación. Estaremos atentos. Están condenados a entenderse.
