Hablar de Leo Messi es hablar del mejor jugador de la historia del fútbol moderno. Del más grande. Del más importante de la historia de La Liga y del FC Barcelona. Todo reconocimiento y homenaje se queda corto.
Un jugador que bajo ningún concepto debió salir nunca del Barça. Creado en La Masía, ingresó con 12 años, estaba destinado a acabar su carrera en el club.
Pero no ha podido ser. Algo que personalmente, es increíblemente doloroso. No solamente por su calidad. Por todo lo que representa.
No obstante, debemos mantener la cabeza fría y analizar detenidamente todo lo que ha ido sucediendo en los últimos años. Sí, en plural.
Esto no viene de unos días. Tampoco de meses. Ni siquiera del fatídico 2-8 contra el Bayern y el susodicho burofax.
Esto es algo que se ha ido cociendo en los últimos 4 años, desde la marcha de Neymar, y que tiene varios actores como culpables. Una parte, y cuidado con lo que digo, el propio Messi.
Es evidente que Joan Laporta, que en campaña prometió hacer todo lo posible para que Leo Messi se quedara, era el último interesado en que el argentino acabara su carrera en la élite en otro club.
Seamos claros, ¿alguien cree que, con lo que le gusta el protagonismo y presumir de méritos, Joan Laporta no ha hecho todo lo posible? ¿Alguien cree que quería ser recordado como el presidente que dejó ir a Leo Messi?
Conociéndole, nada le chiflaba más que la foto del acto de renovación del astro argentino. Y quien no lo vea, o crea, que se lo haga mirar. O no es sincero.
Laporta no aseguró, jamás, su continuidad, dijo que “haría lo imposible para que se quedara”. Conceptos, ideas, muy diferentes.
El flamante presidente se ha visto obligado a tomar esta decisión debido a las circunstancias. La nefasta herencia de la anterior junta directiva liderada por Josep María Bartomeu.
Sumiendo el club en la más auténtica ruina. Con una deuda de más de 1.350 millones de euros. Con un patrimonio neto de 490 millones negativos. Con infraestructuras en malas condiciones. Y con una plantilla descompensada y desequilibrada a nivel salarial.
Con este panorama, más el problema del límite salarial impuesto por La Liga, ha sido imposible efectuar la renovación del mejor jugador de la historia y del club. Y como ha afirmado el mismo Laporta, la institución está por encima de jugadores, presidentes, empelados, y hasta del mejor.
Bartomeu ha destrozado al club. Pero Messi, también tiene su granito de culpa. Me explico. Antes de que el culé me tire a los leones.
Tu no puedes exigir cobrar 150 millones anuales, brutos, y al mismo tiempo pedir una plantilla competitiva. El dinero es importante, y aspirando a tal salario, dejas el margen de maniobra muy limitado para la contratación de grandes jugadores. Estos, también cobran cierto dinero.
El exagerado salario firmado en 2017, y los salarios del resto de la plantilla, ha llevado al club a la ruina. Sin margen de maniobra, y sumido en una espiral de gestión nefasta a la hora de confeccionar el resto de salarios e incorporaciones. Si a uno le dan, los otros piden. Y a veces, hay que saber decir que no.
Amo a Messi. Pero no podemos afirmar al 100% la pasión por unos colores de una persona cuando ha tenido 13 renovaciones de contrato en 17 temporadas. Un auténtico récord.
Soy consciente, que para La Liga de nada hubiera servido una rebaja superior al 50% en el nuevo contrato. Pero tampoco debemos olvidar que la rebaja no era tal y como se ha querido vender.
Messi no iba a perdonar el 50% de su salario. Leo iba a firmar un contrato en el que se le pagaban los 2 años íntegros, pero con el pago dividido en 5. Fraccionar no es perdonar o rebajar. Y sin olvidar, la prima de renovación para su padre.
Con todo esto, no estoy diciendo que Leo Messi sea culpable de la actual situación. Tampoco de su marcha. Bartomeu, y su junta son los principales responsables.
Vienen tiempos difíciles en Can Barça. Donde toca afinar a la perfección con los fichajes. Sin perder la cabeza. Y sobretodo, apostar por el máximo exponente de este club. La Masia.
