Tarde y mal

Es importante recalcar que estamos en 2021. Sí, así quiero empezar el artículo. Algunos dirán que es una chorrada. Pero creo que ayudará a enfatizar lo que quiero expresar.

Y es que, en 2007, cuando Joan Laporta mostró la ambiciosa reforma del Camp Nou, liderada por el prestigioso Norman Foster, ya íbamos tarde.

Seamos sinceros, el Estadio del FC Barcelona lleva pidiendo a gritos acciones urgentes desde mediados-finales de los años 90. Y no se hizo nada.

Esto no hubiera sido un mayor inconveniente, si se hubiera ejecutado el vanguardista proyecto ideado por el arquitecto del nuevo Wembley. Pero llegó Rosell y había que echar mano.

Una de las primeras acciones de la junta directiva liderada por Sandro primero, y Bartomeu después, fue borrar del mapa todo lo que oliera a Laporta. Y algo tan importante, y suculento, como la reforma del Estadio no iba a ser menos.

No obstante, se presentó un nuevo proyecto mucho más ambicioso. No sólo iba a suponer un lavado de cara al Camp Nou, también iba a traer un mejor entorno para el barrio, y unas instalaciones deportivas más acordes con las necesidades de las secciones y la cantera.

Más vale tarde que nunca, debieron pensar algunos. Y encima si, inexplicablemente, la suma total de la obra estaba cuantificada en unos 600 millones. Sinceramente… no se lo creían ni ellos.

Cualquiera que esté al día de las infraestructuras deportivas de otros clubes, sabe que esa cantidad presentada por Bartomeu y sus esbirros era imposible. Sea como sea, se llevó a referéndum y los socios dieron el visto bueno.

Eso fue en 2014. Han pasado los años y hemos pasado de ir tarde a ir muy, pero que muy tarde. Para más inri, se ha perdido la oportunidad de llevar a cabo las obras durante la pandemia. Cosa que sí ha hecho el Real Madrid.

Ciertamente, la directiva del FC Barcelona, liderada por Joan Laporta tiene razón en casi todo. “No invertir es empobrecerse” y “vamos tarde y nos toca espabilar”. Son verdades como templos.

Pero, por algo he dicho “casi”. Vamos tan tarde, que renovar un Estadio de 70 años, apuntalado y reforzado por todas partes, carece ya de sentido alguno. Lo más lógico, por mucho que duela, es construir uno nuevo sobre los cimientos del actual.

Y por otro lado, dando la razón a los grupos que representan a los socios, hay que volver a plantear la pregunta al conjunto de la masa salarial.

En primer lugar, estamos hablando de un proyecto, presupuestado de nuevo de manera más realista, que ronda los 1.500 millones de euros. Más intereses.

Y segundo, la actual económica actual obliga a pensar muy, pero que muy bien cada euro gastado. No está el horno para bollos. Y eso requiere una consulta abierta a los más de 130.000 socios del Barça.

Eso sí, yo lo tengo claro. Esto no tiene que ser visto, jamás, como un gasto. Es una inversión en el futuro del club. La supervivencia de la entidad, y el ser competitivos, depende de ello.

Joan Gaspart es, seguramente, uno de los peores presidentes de la historia del FC Barcelona. Pero en algo estuvo acertado, “tirar el proyecto adelante es un riesgo. Pero no hacerlo es un riesgo mucho mayor”.

Una cosa es evidente. Vamos tarde. Ahora toca no hacerlo mal.

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