Merecido aunque no guste

La felicidad, a veces, viene cuando menos la esperas. Y eso le pasó el pasado sábado al Chelsea FC al proclamarse, por segunda vez en su historia, campeón de la UEFA Champions League.

El club londinense, al igual que en 2012, volvió a coronarse en la máxima competición continental sin estar en las quinielas de posibles vencedores al principio de la temporada.

Eso sí, si el Chelsea de Di Matteo fue uno de los campeones con más suerte, en cada una de las rondas, y menos merecido de la historia de la Champions, el equipo liderado por Thomas Tuchel se lo ha ganado de manera más notoria.

Hagamos memoria. Aquel equipo de 2012 comenzó la temporada con André Villas-Boas como entrenador. Tras los malos resultados, Roberto Di Matteo cogió las riendas de manera interina.

Pero tras los buenos resultados en Liga, consiguió remontar varias posiciones, y su permanencia en la Copa y en la Champions, de las que salió victorioso, se ganó la permanencia al frente del equipo hasta su destitución en noviembre tras ser eliminado de la Copa de Europa.

La primera “orejona” blue no fue un camino de rosas. Clasificados in extremis para octavos, obligados a remontar para pasar a cuartos ya semifinales, apearon al actual campeón, el Barça, tras una eliminatoria en que los de Guardiola fueron infinitamente superiores y malbarataron infinidad de ocasiones.

Luego en la final, un Bayern tremendamente superior acabó perdiendo la Champions, en su propio estadio, tras una errática tanda de penales y habiendo fallado una pena máxima en los minutos finales. Justo antes del empate de Drogba en el descuento.

Pero así es el fútbol, un deporte emocionante, aunque a veces cruel. Como he dicho antes, aquélla “gesta” de 2012 coronó a uno de los campeones más inmerecidos y con más suerte de la historia de la competición.

Pero este no es el caso de esta ya pasada temporada. Ciertamente, este equipo no entraba en muchas apuestas para hacerse la victoria, pero ronda tras ronda ha ido eliminando a sus rivales con total claridad.

Su estilo puede gustar más o menos. Personalmente no es un equipo del que disfrute y me disponga a pagar un pase de temporada para ver cada semana. No podemos negar que no es vistoso y poco atractivo para el espectador neutral.

Pero si hay algo que no se puede discutir, de ninguna de las maneras, es la actitud, el compromiso y la disciplina táctica de este equipo. Algo de lo que Thomas Tuchel tiene mucha culpa.

Curiosamente, y como en 2012, el Chelsea empezó la temporada con otro entrenador al frente. El ex jugador, leyenda blue, Frank Lampard fue cesado en febrero debido al decepcionante inicio de curso.

Pero llegó Thomas Tuchel, un entrenador que fue capaz de meter al PSG en su primera final de Liga de Campeones de su historia y que fue despedido del conjunto parisino por la falta de liderazgo frente a estrellas de la talla de Neymar o Mbappé.

Sea como sea, y contra todo pronóstico, se coló en la final de Oporto y consiguió derrotar a un gran favorito como era el Manchester City de Pep Guardiola.

El partido fue un reflejo de lo que ha sido este nuevo Chelsea de Tuchel y, sin ir más lejos, de los enfrentamientos entre el técnico alemán y Guardiola. Recordemos que en dos meses se han enfrentado 3 veces, y la victoria siempre se ha decantado del lado londinense.

Guardiola lo intentó. Pero no bastó. En el primer partido jugó con dos centrocampistas de contención. El segundo, mantuvo solamente a Fernandinho. Y en la final, directamente prescindió de ambos.

Seamos claros, intentar jugar por dentro a este Chelsea es prácticamente una misión imposible. Y cuando te roban el balón, son capaces de alcanzar la portería contraria con una velocidad de vértigo.

Le pasó al Atlético de Madrid. Le pasó al Sevilla. El Real Madrid no se salvó tampoco. Y, evidentemente, el City de Guardiola no fue la excepción. Y cuando quiso reaccionar, fue demasiado tarde.

Fue incapaz de desbaratar a un equipo que se plantó con 5 defensas, 4 medios, y un único delantero de referencia. Algo que, para nada, acaba siendo anti fútbol.

Me explico, el equipo de Tuchel no tira de juego brusco, subterráneo, pérdidas de tiempo, etc. Se limita a algo tan sencillo como la actitud y la disciplina. Corren como nadie, Kanté a niveles enfermizos, defienden en bloque y atacan los justos como si de un puñal se tratara.

Como he dicho antes. Puede que no se a la propuesta más atractiva para el espectador neutral. Pero si hay algo que es innegable es su esfuerzo titánico y su más que merecido triunfo en la Champions League 2020-2021.

¡Enhorabuena campeones!

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